El escenario político colombiano ya dejó atrás la cifra, por momentos caótica, de más de 100 precandidatos presidenciales rumbo a 2026. A medida que avanzan las inscripciones y se consolidan las consultas interpartidistas de marzo, el panorama comienza a despejarse y a perfilar los nombres que realmente llegarán a la primera vuelta presidencial del 31 de mayo.
El más reciente en sumarse fue Juan Carlos Pinzón, quien se convirtió en el noveno aspirante de la denominada “Gran Consulta por Colombia”, ubicada en el espectro de la centroderecha. El dato no es menor: nunca antes en la historia política del país se había realizado una consulta con un número tan alto de candidatos, lo que confirma que este mecanismo se ha convertido en una pieza central del ajedrez electoral.
Con su ingreso, la “Gran Consulta” prácticamente cerró filas. Por fuera, al menos por ahora, solo permanecen Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, curiosamente los dos extremos de la frase que en su momento utilizó el expresidente Álvaro Uribe para promover una consulta amplia del centro y la derecha: “De Fajardo hasta Abelardo”.
Cuatro candidatos con opciones reales
Si el proceso sigue como va, y las consultas cumplen su papel de decantación, el escenario apunta a que en mayo llegarían máximo cuatro candidaturas con posibilidades reales:
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El ganador de la consulta de izquierda del Frente Amplio, que se disputan principalmente Iván Cepeda y Roy Barreras.
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El vencedor de la Gran Consulta por Colombia.
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Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, siempre que no terminen sumándose a alguna de las coaliciones existentes.
Participar o no en una consulta es una decisión estratégica de alto riesgo y alto impacto. La experiencia reciente demuestra que, en Colombia, este mecanismo ha sido una ruta exitosa para varios presidentes: Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro lograron capitalizar el impulso simbólico y político que otorga ganar una consulta.
Más que un trámite: la primera gran batalla
Las consultas de marzo no son un simple filtro interno. En los hechos, se han convertido en la primera gran batalla presidencial y en el termómetro que marca la pauta del resto de la campaña. Sin embargo, el antecedente también muestra que ganar una consulta no garantiza llegar a la Casa de Nariño.
Ahí están los ejemplos: Gustavo Petro ganó la consulta en 2018, pero perdió la Presidencia; y Federico Gutiérrez, ganador de la consulta de 2022, ni siquiera pasó a segunda vuelta, superado por Rodolfo Hernández. Este argumento es el que hoy alimenta la estrategia de quienes, como Fajardo y De la Espriella, evalúan ir por fuera.
El riesgo de la irrelevancia
Para quienes se abstienen de participar, el cálculo es conocido: evitar el desgaste, preservar identidad propia y no exponerse a una derrota temprana. Pero ese cálculo tiene un riesgo creciente: perder protagonismo y quedar relegados en la narrativa electoral.
Quien no esté en una consulta corre el riesgo de llegar a mayo sin estructura probada, sin relato de fuerza y sin un dato duro que respalde su viabilidad. En una campaña cada vez más corta y polarizada, eso equivale a empezar cuesta arriba.
Por otro lado, quienes sí participan enfrentan el peligro de la atomización del voto: con tantos candidatos, el ganador podría imponerse con una cifra poco contundente, lo que debilitaría su arranque hacia la primera vuelta.
Una “primera vuelta anticipada”
Para el politólogo Guillermo Henao, experto en comunicación política, las consultas funcionan como una verdadera “primera vuelta”. “Les dan visibilidad mediática, reconocimiento y un efecto de agrupamiento que se traduce en aumento de favorabilidad para los ganadores”, explica. Además, recuerda que estos procesos permiten reposición de votos, reconfiguración de equipos y ocupación clara de un espacio ideológico.
En la misma línea, el estratega Miguel Jaramillo Luján señala que las consultas coincidentes con las elecciones legislativas generan un efecto de arrastre clave. “El día de las elecciones al Congreso salen a votar en bloque tanto las maquinarias como el voto de opinión, lo que beneficia a los presidenciables”, afirma.
Los números también cuentan
Los datos respaldan esa tesis. En las legislativas de 2022, los partidos Liberal, Conservador, Centro Democrático y Cambio Radical —los mismos que hoy orbitan la “Gran Consulta”— sumaron casi 8 millones de votos al Senado, el 46,56 % del total. Es decir, casi uno de cada dos votos.
Ese capital electoral puede convertirse en una ventaja decisiva para llegar a mayo con impulso, visibilidad y credibilidad política. Ganar una consulta no significa ganar la Presidencia, pero sí algo que en Colombia pesa casi lo mismo: el derecho a ser tomado en serio.
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