¿El regreso al pasado o el laberinto de la "Paz Total"?


El 2025 no fue un año cualquiera para Colombia; fue el año en que el país sintió el frío escalofrío del déjà vu. Mientras el calendario avanza hacia 2026, la sensación en las regiones es de retroceso. Las tomas guerrilleras en el Cauca, que duran noches enteras bajo el fuego de fusiles y bombas, han evocado los capítulos más oscuros de la era de Andrés Pastrana, dejando una pregunta en el aire: ¿Se está repitiendo la historia?

Logros: El cambio de enfoque en la lucha contra el crimen

A pesar del panorama crítico, el Gobierno Nacional defiende resultados en áreas específicas. El informe de cierre de año del Ministerio de Defensa destaca una transición en la estrategia de seguridad:

  • Golpe a las finanzas: Las incautaciones de cocaína marcaron un récord, pasando de 889.201 a 920.848 kilogramos, apostando por atacar el eslabón final de la cadena.

  • Alivio en el hurto: Las denuncias por hurto a personas presentaron una caída significativa, de 316.226 a 269.206 casos.

  • Extorsión a la baja: Se registró una reducción en las denuncias de extorsión (de 13.802 a 11.273), aunque analistas advierten que esto podría deberse a un silenciamiento de las víctimas por control territorial absoluto.

Desaciertos: El naufragio de la "Paz Total"

La gran apuesta del presidente Gustavo Petro, la ‘Paz Total’, cierra el año en cuidados intensivos. Lo que nació como un ecosistema de mesas de negociación para desmovilizar a todos los grupos armados, hoy luce fragmentado:

  • ELN en el limbo: Tras el ataque en Arauca en septiembre de 2024, la mesa central quedó suspendida. Sin calendario ni objetivos, el diálogo es hoy un fantasma.

  • Las disidencias y el "Estado Cómplice": Mientras el EMC de "Iván Mordisco" está fuera, la facción de alias "Calarcá" permanece en la mesa, gozando de ceses al fuego y frenos a la extradición. El escándalo de los "Archivos de Calarcá" en la Fiscalía sugiere lo peor: nexos de funcionarios estatales con criminales y el uso de camionetas oficiales para transportar armas y menores reclutados.

  • La descertificación: Colombia volvió a la lista negra de Estados Unidos en materia de lucha contra las drogas, un golpe diplomático que no se vivía desde el gobierno de Ernesto Samper.

La crisis de coherencia: Los niños del Guaviare

El momento de mayor quiebre ético para el Ejecutivo ocurrió en Calamar, Guaviare. Un bombardeo de las Fuerzas Militares contra las disidencias dejó siete menores muertos. El Petro que como senador calificaba estos actos como "crímenes de guerra" bajo el gobierno de Iván Duque, hoy, como presidente, los tildó de "daño colateral". Esta contradicción ha calado hondo en la opinión pública y pone en entredicho la narrativa de ser una "Potencia Mundial de la Vida".

Los retos: Un 2026 bajo la sombra del secuestro

El panorama estadístico para el próximo año es desafiante. El 2025 deja una herencia de violencia selectiva y simbólica:

  • Secuestro disparado: El delito creció un 80%, pasando de 313 a 559 casos registrados.

  • Violencia política: El magnicidio de Miguel Uribe Turbay en Bogotá marcó un cenit de inseguridad urbana que el país creía superado.

  • Control social: Con 181 líderes sociales asesinados y homicidios en ligero aumento (12.484 víctimas), los grupos armados demuestran que su control social es férreo.

El retorno del Glifosato

Como medida de choque ante el fracaso de la erradicación manual (que cayó a 7.495 hectáreas), el Ministerio de Justicia anunció para el 22 de diciembre el regreso de las fumigaciones. Esta vez no será con aviones desde las alturas, sino con drones de alta precisión.

El Gobierno encara los últimos ocho meses de su periodo con más incendios que extintores. El reto de 2026 será demostrar si la "Paz Total" fue un modelo mal ejecutado o simplemente una utopía que la realidad colombiana terminó por devorar.

Editorial: La "Potencia Mundial de la Vida" y los niños del Guaviare: Una promesa rota en rojo

El 2025 en Colombia dejará muchas cicatrices, pero quizás la más dolorosa sea la herida abierta por la contradicción. La promesa de convertirnos en una "Potencia Mundial de la Vida" resonaba fuerte en el discurso gubernamental, un ideal elevado que chocó de frente con la cruda realidad del bombardeo en Calamar, Guaviare.

Allí, bajo la consigna de "recuperar territorio", las Fuerzas Militares atacaron un campamento de disidencias de las Farc. El resultado: siete menores de edad perdieron la vida. Siete futuros truncados, siete nombres que se suman a una lista de víctimas inocentes en una guerra que el país juró superar.

Lo que hace esta tragedia particularmente hiriente no es solo el hecho en sí, sino la respuesta presidencial. El mismo Gustavo Petro que, como senador, se alzó con vehemencia contra el gobierno de Iván Duque por bombardeos similares, tildándolos de "crímenes de guerra" y "crímenes contra la humanidad" si se conocía la presencia de menores, hoy, como máximo comandante, justificó la acción como un "daño colateral" necesario para "salvar la vida" de los soldados.

Esta voltereta moral no es un simple cambio de opinión; es una profunda fractura en el corazón de la ‘Paz Total’. ¿Cómo se puede ser la "Potencia Mundial de la Vida" cuando los niños mueren bajo las bombas del propio Estado y sus muertes son minimizadas? ¿Dónde queda la coherencia del líder que, desde la oposición, se erigió como defensor de la vida por encima de cualquier estrategia militar?

La narrativa de la paz no puede construirse sobre la sangre de los más vulnerables, ni sobre la ambigüedad moral. El riesgo de "teñir de rojo los mapas" no es solo geográfico; es un riesgo ético que tiñe de rojo la credibilidad de una política de paz que prometió ser radicalmente distinta.

El 2025 cierra con esta mancha indeleble. La "Paz Total" no es solo un proceso de negociación con grupos armados; es una forma de entender y proteger la vida. Y en el Guaviare, esa vida, la de los niños, quedó desprotegida por el mismo Estado que juró honrarla. Es una promesa rota que el país no olvidará fácilmente y que marca con sangre la línea divisoria entre el ideal y la dura realidad del poder.

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