El país está de luto por la muerte de Antonio Navarro Wolff, exguerrillero del M-19, exministro, exalcalde, exgobernador, excongresista y uno de los tres presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Su fallecimiento marca el final de una trayectoria política que atravesó la guerra, la reconciliación y la construcción de la democracia colombiana.
Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolff, y Horacio Serpa Uribe. Foto Facebook Antonio Navarro Wolf
BOGOTÁ, 2 DE NOVIEMBRE DE 2026. Colombia despide a una de las figuras más representativas y controvertidas de su historia política contemporánea. Antonio Navarro Wolff falleció el domingo 1 de noviembre, a los 78 años, según informó su familia mediante un comunicado en el que precisó que su deceso ocurrió a las 2:42 de la tarde.
Sus familiares solicitaron respeto por la intimidad durante este momento de dolor y anunciaron que posteriormente comunicarán los detalles de las exequias.
La noticia provocó numerosas reacciones de dirigentes políticos de distintas tendencias ideológicas, quienes, más allá de sus diferencias, coincidieron en reconocer su capacidad de diálogo, su liderazgo y su participación en la construcción de la Constitución Política de 1991.
DE LAS ARMAS A LA CONSTITUCIÓN: UNA VIDA MARCADA POR LA GUERRA Y LA PAZ
Antonio Navarro Wolff nació en Pasto, Nariño, el 9 de julio de 1948. Se graduó como ingeniero sanitario de la Universidad del Valle en 1972 y adelantó estudios de posgrado en Colombia e Inglaterra.
Su historia política comenzó a tomar un rumbo decisivo en 1974, cuando ingresó al Movimiento 19 de Abril (M-19), organización guerrillera que protagonizó algunos de los episodios más violentos y dolorosos de la historia nacional.
Navarro llegó a ocupar posiciones de dirección dentro de esa estructura insurgente, vinculada a operaciones como la toma de la Embajada de República Dominicana en 1980 y la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, tragedia que dejó una profunda herida en la memoria colectiva del país.
Su participación en el M-19 constituye uno de los capítulos más polémicos de su trayectoria. Sin embargo, también fue protagonista de las negociaciones que condujeron a la desmovilización de esa organización y su incorporación a la vida democrática.
En mayo de 1985 sobrevivió a un atentado con explosivos en Cali, que le ocasionó la pérdida de su pierna izquierda y graves lesiones que afectaron su capacidad para hablar. Pese a las secuelas, continuó participando en la vida política nacional.
EL ACUERDO DE PAZ QUE CAMBIÓ SU DESTINO
El 9 de marzo de 1990, el M-19 suscribió un acuerdo de paz con el gobierno del presidente Virgilio Barco, dando paso a su desmovilización y transformación en movimiento político legal.
Navarro fue uno de los principales protagonistas de ese proceso junto a Carlos Pizarro León-Gómez, quien posteriormente fue asesinado el 26 de abril de 1990, cuando aspiraba a la Presidencia de la República.
Tras ese crimen, Navarro asumió la candidatura presidencial de la Alianza Democrática M-19 y obtuvo cerca de 740.000 votos, ocupando el tercer lugar en las elecciones de ese año.
Pero su papel más trascendental llegaría en 1991, cuando compartió la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente con Álvaro Gómez Hurtado y Horacio Serpa Uribe.
Desde esa responsabilidad contribuyó a la elaboración de la Constitución Política promulgada el 4 de julio de 1991, que consagró importantes transformaciones institucionales, amplió el reconocimiento de los derechos fundamentales y fortaleció los mecanismos de participación ciudadana.
Su paso de la insurgencia armada a la dirección de la Asamblea Constituyente quedó como uno de los símbolos más significativos de la transición hacia la participación política democrática en Colombia.
ALCALDE, GOBERNADOR, MINISTRO Y CONGRESISTA
La trayectoria pública de Navarro Wolff no terminó con la Constituyente.
Fue ministro de Salud durante el gobierno de César Gaviria, alcalde de Pasto, gobernador de Nariño, representante a la Cámara y senador de la República.
En 1995 fue elegido alcalde de Pasto, administración por la que recibió un reconocimiento nacional en 1998. Posteriormente, en 2007, fue elegido gobernador de Nariño.
También participó en la consolidación de movimientos políticos alternativos y fue uno de los dirigentes que contribuyeron a la conformación de la Alianza Verde.
Su ejercicio político se caracterizó por mantener canales de comunicación con dirigentes de distintas corrientes, incluso con aquellos que defendían posiciones radicalmente contrarias a las suyas.
DESDE LA IZQUIERDA HASTA LA DERECHA: COLOMBIA RECONOCE SU LEGADO
El fallecimiento de Navarro Wolff generó expresiones de condolencia provenientes de diferentes sectores políticos.
El senador Iván Cepeda destacó su trayectoria dentro de la izquierda democrática y su compromiso con las transformaciones sociales.
El expresidente Iván Duque recordó que, pese a las diferencias ideológicas, logró construir con Navarro una relación de amistad sustentada en el respeto y la franqueza.
Por su parte, el expresidente Álvaro Uribe Vélez evocó las relaciones institucionales y el respeto que mantuvieron durante sus responsabilidades de gobierno.
El exnegociador de paz Humberto de la Calle resaltó su inteligencia, vocación de servicio y contribución al consenso que permitió construir la Constitución de 1991.
También se pronunciaron la representante María del Mar Pizarro y el exalcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, quienes destacaron su papel en la apertura democrática y la defensa del Estado Social de Derecho.
UNA HISTORIA QUE TAMBIÉN OBLIGA A REFLEXIONAR SOBRE LA VIOLENCIA
La muerte de Antonio Navarro Wolff invita a Colombia a reflexionar sobre las profundas contradicciones de su historia.
Su vida estuvo vinculada tanto a una organización que recurrió a la violencia armada como a uno de los procesos políticos más importantes para la consolidación de la democracia.
Reconocer su contribución a la paz y a la Constitución de 1991 no significa desconocer los hechos violentos protagonizados por el M-19 ni el sufrimiento de sus víctimas.
Por el contrario, su trayectoria demuestra la importancia de que las diferencias políticas sean tramitadas mediante las instituciones, las elecciones, el debate público y el respeto por la vida.
Colombia pierde a un dirigente que participó en momentos decisivos de su historia. Su legado seguirá siendo objeto de reconocimiento, discusión y análisis por parte de las nuevas generaciones.
Antonio Navarro Wolff deja una huella en la historia constitucional y política del país, especialmente por su participación en el tránsito de un movimiento insurgente hacia la vida democrática.
Hoy se apaga su voz, pero permanece una de las grandes lecciones de la historia colombiana: las diferencias ideológicas deben resolverse con argumentos y democracia, nunca con las armas.
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