EDITORIAL:
Por: Hernando Angarita Carvajal
Periodista – Medio alternativo, comunitario e independiente
Lo ocurrido en Venezuela no es una “operación internacional”, ni una “acción para restaurar la democracia”. Es, sin eufemismos, un acto de fuerza imperial, una intervención militar ilegal y una violación abierta del derecho internacional. Estados Unidos ha decidido, una vez más, actuar como juez, jurado y verdugo de un país soberano, confirmando que para Washington la ley solo existe cuando le conviene.
La captura del presidente Nicolás Maduro marca un punto de quiebre grave en las relaciones internacionales contemporáneas. Pero la detención de Cilia Flores, primera dama de Venezuela, constituye un hecho aún más perverso y revelador: el poder militar utilizado para secuestrar a una mujer sin mando, sin autoridad de gobierno y sin capacidad de decisión estatal. No es justicia: es escarmiento. No es legalidad: es venganza política.
Nunca antes, en la historia reciente de América Latina, una primera dama había sido capturada en una operación militar extranjera. Este hecho sienta un precedente aterrador. Si hoy se secuestra a la esposa de un presidente, mañana podrá hacerse lo mismo con hijos, familiares, líderes sociales o periodistas incómodos. Cuando se cruza esa frontera, la barbarie se normaliza.
Estados Unidos no oculta ya sus intenciones. Al anunciar que gobernará Venezuela hasta definir una transición “segura”, deja claro que su objetivo no es la democracia, sino el control político, territorial y económico. Venezuela no es vista como una nación, sino como un botín estratégico. Petróleo, oro, recursos, geopolítica. Colonización en pleno siglo XXI, sin máscaras ni vergüenza.
Las palabras de Andrés Manuel López Obrador, así como el rechazo expresado por varios gobiernos de la región, no son gestos ideológicos: son actos mínimos de dignidad política. Defender la soberanía de Venezuela hoy es defender la soberanía de toda América Latina mañana.
Quien guarde silencio frente a este atropello debe entenderlo con claridad: mañana no tendrá autoridad moral para denunciar ninguna injusticia. Porque cuando el imperio secuestra Estados y mujeres sin poder, y el mundo calla, la democracia deja de existir y el derecho internacional se convierte en papel mojado.



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