A Germán Vargas Lleras se le reconocía como un estadista. Su vida política, marcada por el poder, la confrontación y la supervivencia, recorrió todos los escalones de la institucionalidad colombiana: concejal, senador, ministro, jefe partidista y vicepresidente de la República. Este viernes falleció tras una larga lucha contra el cáncer y un tumor cerebral que lo mantuvieron bajo tratamiento médico en Estados Unidos y en la Fundación Santa Fe de Bogotá.
Nacido en Bogotá en 1962, Vargas Lleras pertenecía a una de las familias más influyentes del liberalismo colombiano. Era nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo, considerado uno de los grandes estadistas del siglo XX en el país. Desde niño frecuentó los pasillos del poder y creció rodeado de figuras políticas, diplomáticas e intelectuales.
Su árbol genealógico conectaba con nombres fundamentales de la historia republicana. Entre ellos, el jurista y prócer envigadeño José Félix de Restrepo, una de las mentes más influyentes de los movimientos independentistas del Nuevo Reino de Granada.
A pesar de su origen privilegiado, Vargas Lleras decidió construir su carrera política desde la disidencia. A los 18 años conoció a Luis Carlos Galán Sarmiento en la casa de su abuelo, en el barrio Quinta Camacho de Bogotá, y se unió al movimiento del Nuevo Liberalismo. Un año después, con apenas 19 años, fue elegido concejal de Bojacá, uno de los fortines históricos del llerismo.
Con el tiempo llegó al Concejo de Bogotá y posteriormente al Senado de la República, donde ocupó una curul durante cuatro periodos consecutivos entre 1994 y 2008. Desde el Congreso se consolidó como una de las voces más fuertes contra las Farc, el proceso de paz del Caguán y el gobierno de Andrés Pastrana Arango.
A comienzos de los años 2000 tomó una decisión política que cambiaría su trayectoria: respaldó tempranamente la candidatura presidencial de Álvaro Uribe Vélez cuando pocos creían en su triunfo. Desde allí ayudó a consolidar el proyecto uribista y convirtió a Cambio Radical en una de las principales fuerzas del Congreso.
Sin embargo, su carrera también estuvo rodeada de controversias. En 2006, varios congresistas de Cambio Radical terminaron vinculados a procesos por parapolítica, un golpe político que generó fuertes cuestionamientos sobre el partido y su dirigencia.
La violencia marcó buena parte de su vida pública. El 13 de diciembre de 2002 sufrió un atentado con un libro bomba en su oficina del Capitolio Nacional. La explosión le destruyó tres dedos de una mano y le dejó quemaduras en el rostro. Tres años después, en octubre de 2005, sobrevivió a un carro bomba que explotó cerca de su caravana en Bogotá.
Lejos de moderar su discurso, los ataques endurecieron aún más su postura frente a los grupos armados ilegales. Años después, Rodrigo Londoño, conocido como “Timochenko”, reconocería públicamente que las Farc estuvieron detrás del atentado de 2005.
En 2009 rompió con Uribe tras oponerse a una nueva reelección presidencial. Poco después encontró en Juan Manuel Santos a un aliado político decisivo. Santos lo nombró ministro del Interior y de Justicia, luego ministro de Vivienda y finalmente vicepresidente de la República.
Durante el gobierno Santos se convirtió en el gran ejecutor de los proyectos de infraestructura y vivienda del Estado. Lideró la construcción de autopistas 4G, programas de agua potable y la entrega de más de un millón de viviendas gratuitas en distintas regiones del país. Su estilo de gobierno, práctico y altamente ejecutivo, fortaleció su imagen como administrador y figura de poder.
Su esposa, lo describía como un hombre apasionado por la política, pero también cercano a su familia. Le gustaba cocinar, escuchar música y compartir tiempo con los suyos. Aunque, según contaba ella misma, ni siquiera su hija Clemencia —bailarina profesional— logró convencerlo de bailar alguna vez.
La muerte lo rondó en múltiples ocasiones. Además de los atentados, sobrevivió a un accidente aéreo en Nariño cuando el helicóptero en el que viajaba perdió estabilidad durante el despegue. También enfrentó numerosos problemas de salud, entre ellos un meningioma, un quiste hepático y distintas intervenciones médicas.
En sus últimos años libró la batalla más difícil: el cáncer y un tumor cerebral que deterioraron progresivamente su salud. Aun así, nunca abandonó del todo la política ni la aspiración que lo acompañó durante décadas: llegar a la Casa de Nariño como presidente de Colombia.
En su libro Hacer, cumplir, avanzar, publicado en 2018, resumió así su relación con la muerte:
“Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos... o de centímetros”.
Este viernes, después de sobrevivir a atentados, accidentes y enfermedades, la muerte finalmente alcanzó a Germán Vargas Lleras.
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